Al regresar a mi oficina escribí lo siguiente en mi agenda "Guardo la esperanza sincera de que este lanzamiento no sea una catástrofe. Personalmente, no estoy de acuerdo con algunos apartes del sumario de Joe Kilminster, en los cuales afirma que el SRM-25 está bien para volar".
De hecho, después de revisar una copia del cuadro presentado por Kilminster, me di cuenta que no estaba de acuerdo con ninguna de sus afirmaciones. Cualquier persona con sentido común que analizara el cuadro vería lo siguiente: El cuadro contiene nueve numerales, de los cuales siete son explícitamente en contra del despegue; un octavo, completamente neutral, menciona factores relacionados con ingeniería. El restante, que tiene que ver con asuntos de seguridad, no tiene aplicación ninguna en la discusión que se había estado sosteniendo por más de una hora. Los directivos de Morton Thiokol, por consiguiente, revocaron una decisión técnica sin re-evaluar los datos suministrados, tal como lo habían prometido cuando solicitaron la reunión privada de consejo directivo durante la teleconferencia.
A la mañana siguiente pasé por la oficina de Arnie Thompson y le dije a él y al encargado de mecánica aplicada, mi jefe, que esperaba que el despegue fuera seguro, pero que también esperaba que al hacer la revisión del propulsor encontráramos todos los sellamientos quemados; tal vez de esa manera podríamos conseguir que alguien con autoridad detuviera el vuelo hasta que reparáramos las uniones.
Aproximadamente cinco minutos antes del evento, pasé sin detenerme por el sitio desde donde se ven todos los despegues. Bob Ebeling salió a convencerme de que lo viera. Al comienzo me rehusé, pero terminó por convencerme. El sitio estaba completamente lleno así que me senté en el suelo muy cerca a la pantalla recostado contra las piernas de Bob, que estaba sentado en una silla. Los propulsores hicieron ignición y a medida que el vehículo se alejaba de la torre, Bob me dijo susurrando que habíamos escapado de esa. Aproximadamente a los 60 segundos del despegue Bob me dijo que acababa de elevar una oración de agradecimiento por el éxito del despegue. Sólo 13 segundos después, ambos vimos el horror de la destrucción cuando el vehículo explotó. Todos permanecimos sentados en completo silencio por un corto período de tiempo; luego me levanté y fui directamente a mi oficina, en donde permanecí por el resto del día. Dos de mis colegas del equipo que trabajó en los sellamientos fueron a ver si yo estaba bien; como no me era posible hablar y contener mis emociones, solamente asentí con la cabeza. Después de un corto silencio se retiraron.
Roger Boisjoly tomó ciertas decisiones durante los meses que precedieron al accidente del Challenger, manteniendo una posición ética que se manifestó en todas sus acciones, aún arriesgando su puesto en la compañía. Aún así, Boisjoly, no pudo detener el lanzamiento del 28 de enero. En 1988 Roger Boisjoly recibió el premio de la "Sociedad Americana para el Desarrollo de las Ciencias" (American Association for the Advancement of Science) por Libertad Científica y Responsabilidad (Scientific Freedom and Responsibility) debido a sus grandes esfuerzos por evitar este desastre.