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Rachel Carson

Sección III. "Manos a la Obra"

Rachel Carson al miscroscopio

Rachel Carson al microscopio. 1951. Fotografía de Shirley Briggs. Usada con permiso de "Fotografías y Trabajos Shirley Briggs" de la colección "Lear/Carson" en la Biblioteca del "Connecticut College".


Cuando trabajaba en el Departamento de Pesca y Vida Salvaje (de 1935 a 1952), Rachel Carson conoció los primeros estudios acerca de los efectos ambientales a largo plazo causados por el uso del DDT. Se familiarizó también con los estudios en pesticidas que se llevaban a cabo en Patuxent, un refugio gubernamental para investigación ubicado en Bowie, Maryland. En 1945 Carson propuso un artículo a Reader's Digest acerca de los peligros del DDT, el cual fué rechazado por la revista.

En Enero de 1958, Carson recibió una carta de su amiga Olga Wens Huckins, la cual fué definitiva en su decisión de tomar una posición más firme frente a la situación. Mrs. Huckins y su esposo eran propietarios de una reserva privada de aves de 2 acres en Duxbury, Massachusetts, la cual había sido afectada en 1957 por las fumigaciones aéreas con pesticidas para el control de zancudos. Después de la muerte de un gran número de aves, la señora Huckins indignada escribió una carta detallada al Boston Herald y envió una copia a Rachel Carson. Años más tarde, Carson escribió a los Huckin diciendo que su carta suplicando ayuda para contactar alguna persona en Washington que pudiera ayudar, la convenció de escribir el libro.1

Cuando planeaba su libro acerca del hombre y la ecología, Rachel Carson empezó a recopilar evidencia de daños ambientales a consecuencia del uso del uso de pesticidas por parte del hombre.

Indecisa aún acerca de la posibilidad de dedicarse a hacer campañas contra el uso de pesticidas y abandonar el otro proyecto, Rachel Carson se vió involucrada en otro caso: prestigiosos residentes de los condados de Nassau y Suffolk en Long Island, entre los cuales se contaban Archibald B. Roosevelt y el ornitólogo Robert Cushman Murphy, estaban demandando para excluír sus propiedades de las fumigaciones de DDT ordenadas por el gobierno para controlar polillas de una determinada especie (gypsy moths). En vista de que nadie había reunido aún suficiente evidencia acerca de la relación entre fumigaciones aéreas y la contaminación del medio ambiente y debido al apoyo que estas fimugaciones estaban recibiendo tanto por parte de las autoridades federales y estatales en agricultura como por la industria química, ninguna acción se llevó a cabo. Rachel Carson contempló este caso como un ejemplo clásico del derecho de los ciudadanos a no vivir en un medio ambiente contaminado. "Ella vió también que esta lucha debería ser más ampliamente publicitada; en este caso, un escritor respetable y de prestigio podría ser de gran ayuda para alertar al público acerca de los peligros que se corrían".2

El paso inicial fue escribir a E.B. White, escritor del New Yorker interesado en los recursos naturales de los Estados Unidos. Carson le habló acerca del caso de Long Island, insinuando que podría ser un tópico interesante para un artículo en el New Yorker. White respondió diciendo que el no podía hacerlo y sugirió que considerara escribirlo ella misma.

Debido a que White no iba a escribir el artículo, Carson tomó una decision. "Nadie más parecía estar en posición de asumir la tarea; ciertamente nadie con una preparación como la suya -conocimiento científico, amor por la naturaleza y cierta posición en el mundo de las letras en América".3 Carson decidió escribir un libro corto y continuar con otros proyectos.

Notas